Doctora descanso

PROBLEMAS DE SUEÑO EN LA TERCERA EDAD

CONSEJOS PARA DORMIR MEJOR
RECOMENDACIONES DE LA DRA. DESCANSO ®

 

Sabemos que dormir es una actividad absolutamente necesaria, ya que durante la misma se llevan a cabo funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psíquico y físico de los individuos: restaurar la homeostasis del sistema nervioso central y del resto de los tejidos, restablecer almacenes de energía celular y consolidar la memoria.

**Las Naciones Unidas (ONU) reconocen y usan como límite estándar para referirse a una persona de edad avanzada o a un adulto mayor el haber vivido 60 años. Cuando se cumplen 75 años de edad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) los nombra viejos o ancianos. Después de los 90 años, los distingue como grandes viejos o longevos. 

Y por lo mismo, los problemas de sueño que aparecen en adultos mayores son un inconveniente para quienes lo padecen por cómo influyen en su salud y calidad de vida. En la mayoría de los casos son el resultado del propio proceso de envejecimiento, en el que tienen lugar una serie de cambios biológicos que tienden a reducir la intensidad, duración y continuidad del sueño, así como también, al estilo de vida o a problemas de salud. Las sustancias químicas y las hormonas del organismo son uno de los factores. Por ejemplo, a medida que envejecemos, el cuerpo produce menos melatonina. Esta es la hormona natural que regula el ciclo del sueño. Algunos hábitos, como fumar y beber alcohol o cafeína, también pueden afectar el sueño. En otros casos se debe a la presencia de trastornos del sueño, como el insomnio, el más frecuente, que va asociado como síntoma muy común a enfermedades como la demencia de tipo Alzheimer o que aparecen como efecto adverso de ciertos medicamentos muy usados en el ámbito geriátrico.

En cuanto a las características del sueño en los mayores, difieren en algunos aspectos con respecto a las de los adultos y es importante conocerlas, porque de esta manera se evitarán, actuaciones inadecuadas y el paciente se dará cuenta de que lo que él percibe como patológico realmente es adecuado para su edad. Éstas son:

  • Disminución de la duración del sueño nocturno
  • Tendencia a las siestas o “cabezadas” múltiples durante el día
  • Sueño más fragmentado
  • Mayor número de despertares nocturnos
  • Disminución de la capacidad de recuperación del sueño tras periodos de privación de éste
  • Disminución de la cantidad de sueño, respecto al tiempo en cama
  • Disminución progresiva del umbral del despertar con estímulos auditivos (sueño más ligero)
  • Aparente tendencia a un sueño nocturno adelantado y a un despertar precoz
  • Mayor percepción de mala calidad del sueño, especialmente entre el sexo femenino

Pero, ¿a qué se deben estas características clínicas generales del sueño en los adultos mayores? Muchas de estas características se pueden justificar por el hecho de que con la edad se produce una redistribución del sueño a lo largo de las 24 horas, lo que se traduce en una menor duración del sueño nocturno y en un incremento de la tendencia al sueño durante el día.

Pero específicamente, se deben a:

  • Cambios fisiológicos propios del envejecimiento
  • Patología propia del sueño más frecuente en estas edades: Insomnio, Síndrome de apnea-hipopnea del sueño, movimientos periódicos de las piernas…
  • Otras situaciones frecuentemente asociadas con la edad: Existencia de enfermedades médicas, condiciones psicosociales, hábitos de sueño, tratamientos concomitantes (que ocurre durante el mismo período de tiempo, generalmente síntomas secundarios que se presentan con un síntoma principal) …
  • Insomnio: Es el motivo de queja más frecuente. Su frecuencia aumenta con la edad, especialmente la forma crónica, y suele ser secundario. Como factores de riesgo para la aparición de insomnio en la vejez encontramos la depresión, los síntomas respiratorios, la incapacidad, la sensación subjetiva de mala salud.
  • Alteraciones del ritmo circadiano: El avance de fase es un trastorno del ritmo circadiano vigilia-sueño frecuente en personas de edad avanzada. Se observa en sujetos que tienen somnolencia al atardecer-anochecer por lo que se acuestan pronto despertándose temprano, con dificultad para volver a conciliar el sueño.
  • Síndrome de Apnea-Hipopnea del sueño: su prevalencia aumenta con la edad, aunque la severidad del trastorno, puede disminuir en los ancianos. En las mujeres este trastorno es más frecuente tras la menopausia. En los ancianos la aparición de un síndrome de apnea-hipopnea se trataría de un condición secundaria a procesos dependientes del envejecimiento (incremento del colapso de la vía aérea, descenso de la respuesta musculatura faríngea a la presión negativa, estrechamiento del calibre de la vía aérea (por depósito graso), disminución de la capacidad de difusión del oxígeno aumento de peso y la existencia de otras patologías (ej: hipotiroidismo). Además no hay una respuesta apropiada a las concentraciones de oxígeno y CO2 en la sangre.

 

Tomado de: Doghramji K. The Evaluation and Management of Insomnia. Clin Chest Med 2010;31:327–39

Cabe mencionar, que en diversos estudios se ha llegado a la conclusión, entre otras muchas cuestiones, que el insomnio es la alteración del sueño más frecuente en los ancianos y puede definirse de la siguiente forma: “La dificultad para conciliar el sueño y/o para mantenerlo o un despertar precoz acompañado de una sensación de sueño insuficiente o no reparador y que repercute sobre la vigilia diurna”.

Una persona de más de 70 años puede despertarse unas 4 veces en la noche sin tener ninguna patología clínica, esto se debe a que como se despiertan más, empiezan el ciclo una y otra vez. Sin embargo, los malos hábitos de sueño, las siestas prolongadas, la falta de actividad física, las enfermedades que causan dolor o necesidad frecuente de orinar y algunos medicamentos pueden afectar el buen dormir.

Por lo mismo, entre los efectos del insomnio se encuentran la aparición de fatiga, somnolencia diurna en situaciones poco estimulantes y malestar, que puede llegar a causar irritabilidad dolores de cabeza. Mientras que las consecuencias más graves se traducen en tiempos de reacción más lentos y mayor dificultad para mantener el equilibrio, lo que conlleva un incremento del riesgo de caídas. Estas caídas están directamente relacionadas con un incremento del riesgo de mortalidad. También presentan déficits en atención y memoria como resultado de un sueño pobre o escaso, síntomas que podrían ser malinterpretados como propios de un deterioro cognitivo leve o demencia. Además, el insomnio puede preceder al desarrollo de otros trastornos, por lo que su pronto reconocimiento y tratamiento pueden evitar la aparición de enfermedades comórbidas y otras complicaciones.  Igualmente debo mencionar, que  quienes presentan problemas para dormir pueden consumir más medicamentos para dormir y por ello pueden tener mayores problemas de salud tales como las caídas.

En cuanto al tratamiento de los trastornos del sueño en la tercera edad, existen diversas alternativas: Una correcta higiene del sueño es en muchos de los casos suficiente para evitar el insomnio. Aun así también se puede recurrir a terapias conductuales dirigidas a la reeducación de los hábitos de sueño. No obstante, en algunos casos puede ser necesario un tratamiento farmacológico, especialmente si se trata de insomnio crónico, como el causado por el dolor originado por determinadas enfermedades crónicas, un trastorno del comportamiento o enfermedad mental o una enfermedad cuya sintomatología impide conciliar el sueño.

**Debe ser el médico quien determine el tratamiento más adecuado, ya sea tratando adecuadamente la enfermedad que lo genera, inhibiendo el dolor o prescribiendo fármacos específicos para el insomnio.

Un primer paso indispensable en el tratamiento del insomnio es proporcionar al paciente información certera y comprensible, tanto para que entienda el origen de su problema como para que conozca las posibles medidas terapéuticas que se pueden llevar a cabo para resolverlo (tratamiento y prevención de recaídas). Conviene implicarle en el proceso de toma de decisiones para que pueda contribuir a la selección de las medidas que serían más adecuadas en su caso. Esto también ayuda a corregir aquellas ideas erróneas que se tengan sobre el ciclo de sueño y sobre todo a trabajar las expectativas a veces poco realistas de los pacientes.

En muchas ocasiones, el tratamiento del insomnio puede resolverse con relativa facilidad si se puede identificar una causa. En estos casos el tratamiento es el de esta causa. Teniendo en cuenta que éste debe estar dirigido a la eliminación de la causa que produce el insomnio y a provocar una mejoría sintomática. Un ejemplo sería el caso de insomnio secundario a un síndrome de piernas inquietas o a un síndrome de retraso de fase.

En los casos en los que no es posible determinar claramente la causa, se deberá recurrir a un tratamiento sintomático combinado que debe incluir siempre medidas de higiene de sueño y, según los casos, tratamiento farmacológico a corto plazo y/o tratamiento psicológico.

  • Medidas de Higiene de sueño. A veces bastará con seguir estas diez pautas relacionadas con la vida diaria y la higiene del sueño para evitar el insomnio o, dicho de otra forma, para estimular el sueño:
  1. Horarios regulares: despertarse y acostarse todos los días más o menos a la misma hora: Los cambios constantes en los horarios de sueño aumentan la probabilidad de que se generen dificultades graves y crónicas para dormir.
  2. Mantener condiciones ambientales adecuadas para dormir: temperatura templada (alrededor de los 18 o C), ausencia de ruidos y luz, colchón adecuado al gusto, etc.
  3. Comer a horas regulares y evitar comidas copiosas cerca de la hora de acostarse, aunque tampoco es conveniente irse a la cama con hambre. Tomar algo ligero antes de acostarse, como un poco de leche tibia o un yogur, plátano y avena, es muy conveniente. Los productos lácteos contienen triptófano, que facilita la inducción al sueño. Tome menos líquidos en la noche. Despertarse para ir al baño interrumpe el sueño.
  4. Limitar la ingesta de sustancias con efecto estimulante, como café, té o cola, sobre todo a partir de las 17 horas. También es conveniente limitar el consumo de alcohol, sobre todo por la noche; no es recomendable utilizar el alcohol como hipnótico. Limitar o reducir el consumo de tabaco, ya que la nicotina que contiene es una sustancia estimulante.
  5. Permanecer en la cama entre siete y ocho horas: Reducir el tiempo de permanencia en la cama mejora el sueño y, al contrario, permanecer en la cama durante mucho tiempo puede producir un sueño fragmentado y ligero. Irse a la cama sólo cuando se tenga sueño.
  6. Evitar siestas largas durante el día y las situaciones que las propicien. En casos concretos, se puede permitir una siesta después de comer, de duración no superior a 30 minutos.
  7. Realizar ejercicio físico de manera regular durante el día. El ejercicio debe ser suave (como pasear, nadar o ir en bicicleta) durante al menos una hora, con luz solar y siempre al menos tres horas antes de ir a dormir. Se debe evitar realizar ejercicio por la noche por su efecto estimulante.
  8. Evitar actividades excitantes en las horas previas a acostarse. No deben realizarse en la cama actividades tales como ver la televisión, jugar con tabletas u otros dispositivos móviles, hablar por teléfono, discutir, etc. Este punto es importante, sobre todo en adolescentes. Nuestro cerebro necesita asociar el dormitorio y la cama al dormir. Cuando en ese lugar se realizan otro tipo de actividades el cerebro recibe un doble mensaje y se confunde.
  9. Repetir cada noche una rutina de acciones que nos ayuden a prepararnos mental y físicamente para ir a la cama. Lavarse los dientes, ponerse el pijama, preparar la ropa del día siguiente, etcétera.
  10. Practicar rutinas de relajación antes de acostarse puede contribuir a que se duerma mejor. Practique una respiración lenta y relajada. Imagine que su abdomen es un globo que se hincha lentamente y luego se deshincha. Imagine que pasan las nubes y en cada una de ellas escribe mentalmente una de sus preocupaciones para que se las lleve el viento. Igualmente, una ducha o baño antes de acostarse puede ser reparador y ayudarle a relajarse.
  • Tratamiento psicológico / conductual:
  1. Control de estímulos. Técnica conductual basada en fortalecer la relación cama/ dormitorio con relajación y sueño.
  2. Restricción del sueño. Técnica en la que se restringe el tiempo que el paciente con insomnio puede pasar en la cama cada noche.
  3. Ejercicios de relajación. Dirigidos a reducir el hiperarousal fisiológico que tienen los pacientes con insomnio.
  4. Terapia cognitiva. Técnica psicoterapéutica basada en la restructuración cognitiva de los pensamientos y creencias erróneas sobre el sueño que tienen los pacientes insomnes y que incrementan la ansiedad y la preocupación.
  5. Educación en higiene del sueño

 

  • Tratamiento Farmacológico: suele ser el más utilizado, y aunque puede ser eficaz pero presenta limitaciones que hay que considerar como la edad, el estado general del paciente, posibles interacciones, etc. Ya sean benzodiacepinas, antihistamínicos, melatonina, u otros fármacos, éstos deben siempre tomarse como parte del tratamiento bajo prescripción médica, ya que el tratamiento farmacológico del insomnio es un problema complejo, en especial en niños y en personas de edad avanzada. Y debido a que una causa común de insomnio en el anciano es la depresión, el tratamiento farmacológico debe ser diseñado con el objeto de proporcionar un alivio a corto plazo de los problemas del sueño y tratamiento antidepresivo para largo plazo. Asimismo, está indicado el tratamiento sintomático en condiciones médicas que así lo ameriten, en algunas este tratamiento puede ser suficiente para erradicar el insomnio, por ejemplo, para el tratamiento del síndrome de piernas inquietas y del movimiento periódico de las piernas se prescribe el uso de agentes dopaminérgicos como pramipexol, ropirinol y levodopa. En años recientes, se ha visto que la melatonina puede ser de ayuda en el tratamiento de pacientes ancianos. Otros fármacos que pueden ayudar en el tratamiento del insomnio son el L-triptófano, valeriana, kava y los antihistamínicos como la difenhidramina y la hidroxicina; sin embargo, hacen falta estudios para comprobar su eficacia y algunos de ellos se han asociado a efectos adversos graves.

 

Finalmente, y para concluir, como ya vimos anteriormente el insomnio es uno de los trastornos más frecuentes en los adultos mayores, por lo que debe ser considerado un síntoma y no una enfermedad. De esta manera, se deben buscar las causas primarias y tratarlas. El diagnóstico se basa en una historia clínica detallada y sólo algunos casos requieren estudios especiales del sueño, mientras que el tratamiento del insomnio es multifactorial, el cual incluye aspectos como: tratamiento no farmacológico (medidas de higiene de sueño, terapia cognitiva y conductual) y farmacológico (benzodiacepinas, no benzodiacepinas,  melatonina y/o antidepresivos).

Y por último te invito a seguirme como Dra. Descanso ® a cualquiera de mis redes sociales o ingresando a mi blog  http://colchonescarreiro.com/doctora-descanso-blog/

Psic. Alicia D de P

Dra. Descanso ®

Que sueñes con los angelitos ®

Fuente:

http://www.msp.gub.uy/sites/default/files/2.0%20Adultos%20Mayores.pdf

https://www.iis.es/trastornos-del-sueno-personas-mayores-insomnio-ancianos-tratamiento/

http://www.ses.org.es/docs/guia-de-insomnio-2016.pdf

 

 

 

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