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Pesadillas Infancia

Pesadillas en la infancia


Las pesadillas son ensoñaciones aterradoras parecidas a los terrores nocturnos, aunque se diferencian de éstos por dos hechos concretos: se producen durante el sueño REM (en la segunda mitad del sueño nocturno) y el niño explica claramente qué es lo que ha soñado, habiendo provocado generalmente que se despierte.

Los episodios suelen iniciarse entre los tres y los seis años. Entre los seis y diez años es cuando se observa la máxima prevalencia y a partir de dicha edad la proporción de niños que sufren pesadillas disminuye progresivamente. Suelen remitir espontáneamente antes de la adolescencia, por lo que si persistieran debería descartarse la presencia de psicopatología.

Por lo general, los episodios duran unas semanas y están relacionados con algún acontecimiento externo que ha causado inquietud en el niño. A medida que disminuye la ansiedad diurna los episodios también disminuyen en intensidad y frecuencia. Los padres deben intentar calmar al niño, que estará despierto y plenamente consciente, tratando de restar importancia a lo soñado.

Algunos autores distinguen entre pesadillas y “malos sueños” refiriéndose a estos últimos cuando el sueño no provoca despertar, aunque se desconoce el mecanismo por el cual se producen las pesadillas.

En cuanto a su diagnóstico, éste se basa fundamentalmente en la historia clínica con la ayuda de las agendas/diarios de sueño. Se debe valorar la gravedad y cronicidad de las pesadillas y la existencia de problemas de conducta, ya que la ansiedad generalizada o la regresión de conducta sugieren la posibilidad de traumas o abusos. Las pesadillas pueden confundirse con otros episodios similares o formar parte de otros trastornos, entre ellos: convulsiones, terrores del sueño, trastornos del comportamiento durante el sueño REM, parálisis del sueño, narcolepsia, ataques de pánico nocturno, trastorno disociativo asociado al sueño, síndrome de estrés postraumático o trastorno por estrés agudo.

Es importante resaltar, que el mantenimiento de una adecuada higiene del sueño puede reducir la aparición de pesadillas, destacando las siguientes actuaciones: el momento de acostarse precedido de un período tranquilo y relajante, evitar ver películas, series de televisión u oír historias de terror antes de acostarse, reducir aquellos factores que puedan ser estresantes para el niño y restringir la ingesta de líquidos después de la cena siendo aconsejable que el niño orine antes de acostarse.

Algunas de las siguientes estrategias pueden ser útiles ante una pesadilla: tranquilizar y calmar al niño, recalcando que ha sido sólo una pesadilla, utilizar objetos que transmitan seguridad al niño para ayudarle a volverse a dormir, dejar encendida una luz tenue por la noche.

Además, en el tratamiento de las pesadillas se han utilizado con resultados satisfactorios intervenciones psicológicas basadas en técnicas conductuales (desensibilización sistemática, técnicas de exposición), cognitivas (técnicas de modificación del contenido del sueño, técnicas de afrontamiento de la pesadilla mientras ocurre) y de desactivación (relajación e hipnosis).

Por último, cabe mencionar, que una estrategia útil en atención primaria que reduce la frecuencia y el malestar asociado de las pesadillas es la “terapia de ensayo/repaso en imaginación”. Consiste en pedir al niño/adolescente que dibuje o describa la pesadilla (según la edad), con ayuda de los padres, cambiando el final de la misma por un final triunfante, de manera que con este nuevo final el niño se sienta seguro.

Psic. Alicia Domínguez de Pedro.

Dra. Descanso.

FUENTE:

Guías de práctica clínica en el SNS Atención Primaria

http://www.institutferran.org/documentos/guia_dormir_bien.pdf

http://www.madrid.org/lainentralgo